Introducción

El camino de los buscadores muchas veces se transforma en luchas virtuosas que alimentan heridas, en Imposición de verdades que son narrativas, en una danza sin fin de personalidades que atropellan la vida.

Muchas otras veces el camino de los buscadores se rinde al corazón y allí respira la vida, y puedes abrazar lo real integrando la herida. Aquí hay una danza silenciosa e intuitiva, quizás aquí está quien oye y quien ve la sencillez de la vida.

El camino

Cierto día la mujer peregrina llega a la morada del profeta de la montaña en busca del secreto de su destino y su verdad. En ese peregrinar la mujer llevaba consigo los galardones de la travesía. Había sobrevivido a noches oscuras donde se encontró con los espejismos de sus más profundos miedos; sintió frío, tuvo hambre, sus fuerzas flaquearon y volvió a levantarse.

Frente a la puerta de aquel Profeta, se presenta con voz firme y segura diciendo: −He llegado, estoy aquí, vengo en busca del secreto de mi destino y mi verdad−. No era la primera vez que alguien llegaba hasta la morada del Profeta. Y si bien, era muy difícil transitar el camino, y muchos abandonaban en algún momento, otros también habían llegado.

El profeta era un sabio de corazón abierto que reconocía un alma peregrina por el brillo en la mirada, y esa mujer tenía ese brillo… Rompiendo el silencio y con voz amorosa, el profeta dice: −eres un alma peregrina y has llegado hasta aquí, te estaba esperando−. Con mucha impaciencia, la mujer repite: −vengo en busca de mi destino y mi verdad, me dijeron que tú guardas esos secretos−. El profeta miró su impaciencia como la miran los sabios, esbozó una leve sonrisa, hizo un largo silencio, luego continuó: −yo no tengo tal secreto, pero sólo puedo decirte que veo en tus ojos como espejos de tu corazón−.

La mujer asintió con su cabeza silenciosamente.

El Profeta

Veo tus heridas y tu lucha en nombre del amor…, te identificaste con una batalla y no hubo espacio en tu corazón para que ese amor latiera; te he visto atravesar noches oscuras y no te has detenido a mirar las estrellas que también estaban allí para ti..

Las palabras de ese hombre, tan llenas de simplicidad, amor y verdad, eran luz abrazando el corazón de esa mujer; las lágrimas caían por su rostro y aún más por su corazón. En tan sólo un instante, un impulso la pone de rodillas y su cabeza se inclina ante su corazón, sus batallas dejaron de tener razón, parecía estar recorriendo el verdadero camino… Cuenta esta leyenda que el ruido a cristales rotos en su interior fue ensordecedor. Dicen los que saben, que cuando un corazón se abre, nunca más vuelve a cerrarse.